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Éxtasis y psicoanálisis

“A veces, en un retrato de mármol, 
conviene, para imitar bien el modelado,
poner lo que no se halla en este.”
Gian Lorenzo Bernini

No he tenido la oportunidad de admirar, en vivo y en directo, la obra de Bernini, pero ayer, por la tarde, en mi última clase de antropología del año, vimos un documental muy interesante sobre las esculturas y la vida de este señor. El documental iniciaba con el rostro de Santa Teresa tallado en mármol blanco, y de fondo, una melodía de esas que te hacen sentir cerca del cielo. El anfitrión dijo algo fundamental para que yo me atreviera a escribir al respecto: muchos han escrito sobre ella, poesía, literatura de todo tipo, todas poca cosa en comparación a la escultura. Y me dije a mí mismo: ¿por qué no?

Como bien sabrán algunos, Bernini fue un artista italiano, escultor principalmente, nacido en 1598. Su historia se encuentra llena de narcisismo y competencia. Pareciera, en algún punto de su biografía, que la belleza de sus obras está sustentada casi por completo en un sentimiento que se debate entre sentirse superior y omnipotente, y otra posición que teme sentirse inferior, impotente, castrado. Mantuvo una rivalidad con su contemporáneo: Borromini, otro artista italiano especializado en la arquitectura barroca. Ambos compitieron toda la vida, pero Borromini nunca soportó la admiración e idolatría que recibía Bernini y terminó suicidándose. Fue entonces inevitable para mí hacerme la teoría de que cualquier afecto puede impulsar la belleza del arte, desde el más pleno y placentero hasta el más oscuro y ruin.

La obra cumbre de Gian Lorenzo es justamente El éxtasis de Santa Teresa o, como se diría en su idioma original, Transverberazione di santa Teresa. Hecha en mármol blanco entre 1647 y 1651, fue demandada por el cardenal Cornaro para ser colocada donde sería su tumba en la iglesia de Santa Maria della Vittoria, refleja, en muchos aspectos físicos, un orgasmo. Explicaban en el documental un poco de la vida de esta santa mujer, quien tuvo una profunda conexión espiritual con Dios mismo. El éxtasis retrata esa conexión como algo terrenal, algo comprensible para los humanos, para nosotros, hechos de carne y hueso; entre lo divino y lo carnal. El ángel, su amante, apunta con la flecha dorada hacia los genitales de la mujer que levita de placer. Gian Lorenzo obliga al espectador a percatarse de algo que no se ve, solo se siente, y de lo que no se habla mucho que digamos.

Si bien para el psicoanálisis el orgasmo no es piedra angular de su teoría, lo son otros conceptos como sublimación o sexualidad infantil. Así, cualquier tipo de arte, para Freud, es producto de una sublimación de las pulsiones sexuales; el artista ha cambiado la meta de las pulsiones por algo mucho más aceptado, incluso admirado, por la sociedad. Cualquier demostración de la sexualidad adulta, incluido el orgasmo, es producto de la unificación de las pulsiones primarias, infantiles, que buscan su satisfacción psíquica a través del cuerpo, de la acción, de la realidad externa.

Bernini nos concede el placer de conocer su obra tan sublime, tan encantadora, pero también podemos captar toda la sombra que rodea cada pieza; su rivalidad, sus sentimientos de omnipotencia y perfección, el temor de sentirse inferior a otros y la capacidad de convertir todo aquello en arte. Puedo atreverme a decir que incluso el artista más capaz y creativo sigue manteniendo niveles de agresión que su yo es incapaz de transformar; no todo el arte absuelve al artista de sus neurosis o, incluso, de algo mucho peor. El arte es una manifestación y una transformación que adquiere niveles distintos en cada artista; algunos lo han llevado a un nivel mucho más sublimado, otros, como Bernini, solamente a la proyección de sus conflictos internos.

El paciente neurótico habla de sus orgasmos o, quizá, de los pocos que llega a tener, del temor que le causa encaminar su sexualidad hacia una mucho más adulta. Siendo una culminación fisiológica, pensamos que ningún ser humano debería ser privado de dicho placer y de las satisfacciones psíquicas que puede generar. El orgasmo no cura, pero hace sentir al humano, por unos segundos, que está curado de todo, que está despegándose del suelo, que ha visto a todos los ángeles del cielo.

Les sugiero, mis queridos lectores, que puedan tomarse el tiempo para leer, admirar, apreciar y analizar todo el arte que les sea posible, uno puede encontrar cosas muy interesantes en él. El éxtasis es una obra hermosa que cautiva a cualquiera que sepa encontrar los trozos de alma que el artista guardó dentro ella.

Psic. Manuel Landeros
Tel. 5532751330
Col. Roma, Ciudad de México
Facebook: La tinta de Mane


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