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Confesiones psicoanalíticas: no amigos, no familia

Desde el inicio de mi formación como psicólogo, cuando decidí dirigirme hacia el maravilloso campo de la psicoterapia y de la psicología clínica, el mundo entero comenzó a realizarme un par de cuestionamientos bastante repetitivos: ¿Por qué no puedes atender a tus amigos o a tu familia? ¿Por qué no pueden ellos ser tus pacientes? Hoy, después de muchos años y en el principio de mi formación psicoanalítica, he decidido escribir este texto que aclare algunas dudas al respecto. 

La ética del psicólogo clínico 
Más allá de mi formación como psicoanalista debo decir que desde mucho tiempo antes pude tener claro la posición que la ética clínica exige; siendo la psicoterapia la creación de un vínculo que apunta siempre a la objetividad, no sería posible mantener dicho concepto de intervenir emociones profundas debido a los lazos amistosos o familiares. Las penas y los éxitos de los pacientes serían vividas de forma poco objetiva por el terapeuta, a quien le resultaría prácticamente imposible deshacerse de los sentimientos humanos que le vinculan con amigos y familiares, nublando así su objetividad profesional y científica. 

El terapeuta, además de la falta de objetividad, sería visto dentro de la sesión como un ser criticable al que se le puede refutar toda interpretación o guía bajo la concepción de conocer todas, o la gran mayoría, de sus imperfecciones. "Pero qué me dices tú de estabilidad emocional si llevas años sin pareja", sería algo que una persona diría a su amigo psicólogo. Es de este modo como el paciente dejaría de centrarse en él mismo para centrarse en el terapeuta y cambiar la posición, ser él quien analiza o "aconseja". Además podríamos encontrar un enorme listado de obstáculos que harían de la terapia un caos entre terapeuta y amigos o familiares; llamadas e intervenciones constantes, momentos incómodos en reuniones que borrarían toda la objetividad y el limite profesional de un tratamiento psicoterapéutico, reclamos, rumores innecesarios, idealización o desvalorización exagerada, etc. 

Una perspectiva psicoanalítica 
Ahora que me encuentro en la formación como psicoanalista, podría agregarle al asunto un par de cuestiones importantes. Dentro de lo que se denomina transferencial, en el tratamiento psicoanalítico, el paciente actualiza sus conflictos psíquicos con el terapeuta, escenifica, por así decirlo, su mundo interno dentro de la sesión. Los lazos demasiado cercanos podrían estropear la objetividad del analista dentro del campo transferencial pues el conocimiento profundo de la vida del paciente generaría un clima poco fluido; el analista sabría, o más complicado aún, se imaginaria si el paciente miente, si se burla de él, si hace referencia a situaciones de su vida o de sus experiencias, etc. Todas estas situaciones nublarían la vista analítica y desgastarían la intención del terapeuta hasta convertirlo solamente en una persona que escucha y aconseja, nada más; tal y como lo haría un amigo o un familiar.

El paciente amigo o familiar, a través de sus resistencias, intentaría todo el tiempo invertir las posiciones terapéuticas y desearía ser siempre el terapeuta; rebajaría, desde lo inconsciente, indudablemente a quien le analiza para poder tomar el papel dominante en cada sesión y así defenderse de cualquier interpretación. 

El amor o cariño también nublarían el trabajo analítico, pues el terapeuta temería, desde el fondo de su alma, elaborar interpretaciones objetivas para no herir o angustiar al paciente o, contrariamente, crearía interpretaciones hostiles para atacarlo por envidia o enojo. En ninguno de los dos casos se pensarían interpretaciones desde la neutralidad, quizá no absoluta pero sí bastante cercana a un punto equilibrado como con los pacientes sin lazos afectivos. 

El amigo o familiar que insiste en ser atendidos por su pariente en realidad poseen un miedo profundo de comenzar un verdadero proceso terapéutico, se sentirían "mucho más seguros" con alguien conocido; sería como "jugar al psicólogo" y quizás empeorar la situación. Es un motivo de "no avance", de no crecimiento, y así delegar la responsabilidad al terapeuta amigo o familiar desde un: no tomo terapia porque tú no me has querido atender

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