domingo, 12 de marzo de 2017

Sinécdoque

Sinécdoque: el nombre del todo por la parte o 
la parte por el todo. 



Y mientras caminaba por una de las grandes avenidas de mi ciudad, de noche, sintiendo el frío del invierno, me preguntaba cómo es que los seres humanos llegamos al punto de definir al amor solamente con algunas partes de él, con pedazos y no bajo una perspectiva de completud. Creemos que el amor llegó a nuestra vida cuando el otro nos ofrece un poco de compañía o un solo momento romántico. "Pero qué se yo del amor", pensé, pues no debería atreverme a opinar al respecto; el amor para cada ser humano significa algo distinto. Quizá yo exagere con la idea de que amar es tener un poco del todo, del espectro completo, y no solamente un poco de algunas cosas. 

Mientras continuaba caminando vi a una pareja de enamorados, heterosexual, besándose en la oscuridad del callejón a mi izquierda. Se besaban con tanta pasión que por un momento pensé que quizá tendrían sexo ahí, sobre la callejuela empedrada aquella, apenas iluminada por dos débiles farolas. Podía escuchar la saliva escurriéndose de una boca a la otra, chupeteando, lamiéndose, pidiendo más cada segundo. Y para ellos seguramente eso era amor, un beso, un chupeteo que se desvió a la oralidad humana. Pero sabemos que amar no es un beso, sino que amar incluye los besos, pero no lo son todo. 

Amar no es solamente una caricia, un "te quiero", un beso, un abrazo o una cena romántica; amar siempre va más allá de las acciones, de las palabras y de los silencios. Amar no puede definirse con algunas partes, porque amar necesita ser una definición con todas las partes que le conforman. El problema es que amamos a medias, a tercios, incluso a octavos, y eso, pienso yo, se aleja del amor radicalmente. Nos engañamos, pues pretendemos definir al amor con pedazos de él, con fracciones que no logran sustituirlo. Pocos lo conocen, pienso yo.

Continué caminando sin dejar de pensar que el amor es, en absoluto, lo que reina este mundo, la vida humana y todo su acontecer. Cuan equivocados estamos los humanos, por creer que podemos controlarlo todo sin darnos cuenta que quien nos controla es él a nosotros, es nuestro gobernante, nuestro dios.



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