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Jugo de uva

"Todo es más bonito cuando el
tiempo aparece sencillo, sin 
complicaciones."
Manelander



El sol invernal me iluminaba el rostro; salían los rayos medio dorados de entre las nubes grises que cubrían la mayor parte del cielo. Al fondo podía escuchar la dulce voz de Lana cantando: "My pussy tastes like Pepsi Cola. My eyes are wide like cherry pie. I got sweet taste for men who're older, it's always been, so it's no surprise...". El viento había dejado de ser cálido, era fresco, porque estaba en un lugar en donde la mayor parte del año el clima era demasiado caliente. 

Me mecí un poco más. Estaba acostado en una hamaca colocada entre dos árboles, dos árboles enormes en un jardín enorme. Estaba solo, solo y mis pensamientos, como siempre. El viento de pronto me agitaba un poco el cabello ondulado y negro. Observaba las nubes pasar sobre mí. Esa tiene forma de... no tiene forma de nada, en realidad, pensaba seriamente. Era muy raro que encontrara forma a las nubes, pero había una insistencia en querer hacer lo que los personajes de las caricaturas y las películas de Hollywood hacían cada vez que miraban hacia el cielo. 

Recordé que abajo, en el césped, había un vaso de cristal con jugo de uva y dos hielos, los cuales seguramente ya se habían derretido para restarle un poco de sabor dulzón al jugo. Llevaba ahí un par de horas y había olvidado mi bebida. Me encantaba beber jugo de uva, sobre todo cuando estaba solo y dedicaba tiempo a pensar. ¿Qué pensaba? Pues lo de siempre; cómo era posible que las personas buscaran forma a las nubes, ¡por dios! ¿acaso se trataba de un test Rorschach de la naturaleza? Pienso, pienso, una y otra vez, en mis soledades y mis angustias, en lo insoportable que me resulta separarme de lo que me provoca placer, de todo lo que es bueno en mi vida. "¡Maldita sea! Olvidé darle propina a aquel mesero en aquel restaurante al que fui a desayunar", me recriminaba en mis adentros. Me dolía la garganta y pensaba que quizás había pescado algún virus por ahí, quizá también era por tanto fumar; "debo dejar de fumar", pensé, y encendí un cigarrillo.

Las horas pasaban tan rápido en aquel lugar, pero era mi momento, el momento que necesito una vez al año para acomodar mis ideas y mis emociones. Necesito pensar, pensar mucho y tomar juguito de uva. Recuerdo una broma que algunos conocidos del pasado y yo teníamos al respecto; eran buenos tiempos. Los segundos se llevaban con el viento, con el tiempo, con su pasar, partes pequeñas de mí, de mi alma, de mi vida. Enviaba desde aquel lugar pensamientos a algunos otros, otros que me importaban, quizá podrían escucharme mientras se bañaban, trabajaban o dormían, en sus sueños.

Escribía en aquel momento, sin moverme siquiera, pues escribía en mi mente, en mis pensamientos, con la tinta de mis venas, en mi interior. Escribía mis historias y la historia de otros junto con la mía. La verdad es que soy un ser humano que nació para crear, crear en su cabeza todo el tiempo, cada segundo, de cada día. Creo y creo, creo en lo que creo, porque oscilo entre el creer y el crear. El jugo de uva me alimenta, me genera más ideas, más tinta, más pensamientos. ¡Pero qué invierno tan cálido! ¡Qué sitio más bello en el que logré imaginarme! También te imagino a ti, lector, pasando tus ojos sobre mis letras, sonriendo por tan disparatadas líneas, infinitas en sinsentido, eternas en fantasía y frescura, llenas de humo de cigarro y jugo de uva.


Twitter & Instagram: @tintademane
Tumblr: manelander (La tinta de Mane)

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