Ir al contenido principal

Náuseas

"Sentimos ascos constantes, de los
profundos, de los del alma."
Manelander



Cuando era niño tuve muchas repulsiones, muchas cosas me causaban asco; los vegetales, algunas frutas, los sabores amargos de las semillas de algunas frutas, el olor penetrante del aceite en la cocina, la piel partida de las personas obesas, las verrugas en los ancianos. Muchas cosas en la infancia me daban náuseas, pero además de todas las anteriores hubieron algunas otras que me provocaban peor repulsión, una repulsión en el alma, en el corazón. 

Pude sentir repulsión al imaginar lo que los adultos hacían al cerrar la puerta de sus habitaciones, en pareja iban siempre; papás, mamás, tíos y abuelos. Algo me decía que hacían cosas desagradables, que tras cerrar la puerta se torturaban entre ellos y hacían todo lo que a los niños no nos era permitido. 

La repugnancia que se siente en el alma te acelera los latidos, te angustia, te hace sudar frío.

Al crecer, pensé que mis náuseas mentales desaparecerían, pero estaba muy equivocado. Imaginaba a mis profesores intentando seducir a sus alumnas, pre-adolescentes, y a sus alumnos varones también. Alguna vez sentí que uno de mis profesores se enamoraba de mí, de un mocoso de edad temprana; sentía que le gustaba tocarme la cabeza para despeinarme, que lo hacía cada vez que podía, y quería, porque era el adulto y yo el niño. También sentía la misma repugnancia cuando mi padre o mi madre se iban a alguna reunión de trabajo; tenía la impresión imaginaria de que hacían en sus reuniones todo tipo de cosas prohibidas y desagradables. 

Algo en mi interior siempre me arrastraba a la náusea desagradable que me erizaba la piel y me hacía tragar con la garganta seca. Había una sensación enfermiza en aquellos pensamientos míos, un asco profundo y repugnante. El mundo se volvía lodo, polvo y moho, podredumbre. 

Tuve náuseas al imaginar a familiares haciendo cosas asquerosas. Tuve náuseas al imaginar cosas prohibidas. 

Cuando crecí y tuve mi primera relación amorosa, imaginaba a mi novio burlándose de mí mientras besaba a otro, mientras tocaba su piel, mientras tenía sexo con él y disfrutaba mentirme; era para él mucho más delicioso tener sexo con alguien si sabía que me engañaba. Esas cosas imaginaba yo, no eran ciertas, pero las imaginaba y me provocaban repulsión. 

Pasaron muchos, muchos años, y creí que después de aquel enamorado no volvería a sentir náuseas emocionales, pero me equivoqué. Volví a sentir esa repulsiva respuesta de mi alma en la adultez, cuando me enamoré de nuevo, intensamente, de otro joven, que con el paso de los días desistió de brindarme su compañía para volver a los brazos de su ex-pareja. Podía imaginarlos perdiéndose en la saliva y el sudor del otro, fundiendo sus pieles; imaginaba yo como mi imagen se le borraba de la mente porque al fin tenía lo que tanto quería, me sentía olvidado, condenado a la soledad, mientras ellos gozaban de sus cuerpos y de sus deseos. 

He sentido nuevamente náuseas, tiempo después, al leer un par de cuentos de un escritor francés, quien relata los caminos retorcidos del deseo. Novelas cortas con tintes hedonistas y sexuales. Los personajes se dicen a sí mismos que sienten culpa por haber hecho algo prohibido. Yo siento la culpa con ellos, mi corazón se acelera al imaginar los actos ilegales y poco morales acontecidos en la trama. Creo que nunca dejaré de sentir esta náusea, que simplemente, con los años, me ha demostrado que son mis propios deseos censurados e inhibidos por las partes más moralistas y éticas de mi mundo interno. 


Resultado de imagen para tumblr poison


Twitter & Instagram: @tintademane
Tumblr: manelander (La tinta de Mane)

Textos relacionados:

"Extrañas obsesiones"
"Sexo y tabú"
"Dios es bisexual"
Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Cine para psicólogos: ¡madre! de Darren Aronofsky

You give and you give and you give... and it's never enough! 
Volvemos después de mucho tiempo a su gustada sección Cine para psicólogos. Antes que nada he de confesarles, mis queridos lectores, que el tiempo se ha vuelto algo valioso para mí y sentarme a escribir una opinión sobre una película como esta me demanda varias horas. Al fin he podido prepararme un café y comenzar a plasmar mis comentarios sobre mother!
Comenzaré diciendo que, como muchos de ustedes habrán leído tiempo atrás en mi blog, Darren Aronofsky logró crear mi película favorita de todos los tiempos: El cisne negro. Y  es que debido a mi formación como psicoanalista ustedes entenderán mi fascinación por este tipo de películas con contenidos fuertemente psicológicos. ¡madre! me ha cautivado por completo, aunque no ha logrado superar la admiración que sigo teniendo por Black Swan. 
mother! Una carga simbólica pesada para el psiquismo.  Miren, no he leído mucho al respecto, ni siquiera me he enterado de la vida de Dar…

Celos y otras torturas mentales

Psicoterapia psicoanalítica  Ciudad de México - Col. Roma Norte Tel: ‭(55) 3275 1330‬  Psic. Manuel Landeros 
Como ya he escrito al respecto, antes en otros textos de mi blog, los celos siempre han sido un asunto importante tanto en la consulta psicológica como en la vida cotidiana de muchas personas. Puedo considerar a los celos, desde mi observación clínica, como una tortura a la que muchas personas se someten constantemente. 
Sigmund Freud, en su obra psicoanalítica, menciona que los celos pueden tomar distintos caminos y que están relacionados con la rivalidad; ¿qué tiene aquel o aquella que no tenga yo? Más allá del miedo a ser abandonados, se trata de un miedo profundo a no tener o no poseer algo que otro sí, miedo a ser “insuficientes” o a sentirnos “incompletos”. Freud decía que los celos pueden ser proyectados, es decir, que quien en realidad tiene deseos (inconscientemente) de ser infiel es quien siente los celos, pero la culpa que ello  genera es tan grande que defensivamente c…

Marilyn Monroe y su misterioso paso por el psicoanálisis

---
"Hollywood es un lugar en el que tendrás que pagar mil dólares por un beso y cincuenta centavos por tu alma."
Marilyn Monroe 
Decidí escribir sobre Marilyn en el momento en el que una de mis profesoras de la formación psicoanalítica mencionó el nombre de Ralph Greenson, aquel psiquiatra estadounidense que fuera el psicoanalista de Norma Jeane Mortenson, mejor conocida como Marilyn Monroe. Y es que no es gratuito mi interés en este personaje tan famoso; desde hace muchos años siento una admiración especial a la imagen y trayectoria de Marilyn y, ahora que he indagado un poco más sobre su vida, estoy fascinado, y al mismo tiempo horrorizado, con lo que he encontrado.


El pasado herido de Norma
Norma nació el 1 de junio de 1926 en Los Angeles, USA. Hija de una montadora cinematográfica de nombre Gladys Baker y Edward Mortenson, de quien se separó justo antes de darse cuenta de su embarazo. Gladys tuvo que ser internada en un hospital psiquiátrico pues sufrió fuertes trastornos …