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La constancia de la pérdida

"Se pierden cosas para ganar nuevas, 
luego, al pasar un tiempo, esas nuevas
son ya viejas y necesitan ser perdidas
para que otras, que sí son nuevas, 
lleguen a ocupar un lugar."
Manelander


Hay un tema importante que siempre me conduce a pensar en todas esas cosas que están y después dejan de estar, es decir, las perdemos, se van. Si yo pudiera hacer un recuento de todas mis pérdidas llenaría libros enteros; desde aquellos billetes que nunca encontré, que seguramente debí dejar en el asiento trasero del taxi, hasta los segundos que voy perdiendo de vida con el paso de los días. 

La pérdida es tan necesaria como las nuevas experiencias, las cuales no podrán acontecer si retenemos todo lo viejo.

Es inevitable perder cosas, y el duelo que viene después de ello es tan necesario como la pérdida misma. Ya te todo esto he hablado en diversas ocasiones y cada vez que conozco algo nuevo y luego dejo de tenerlo me nace la necesidad de escribir al respecto. 

En algunas ocasiones puedo relacionar la pérdida con figuras humanas principalmente, y puedo suponer bien cuando digo que las pérdidas más dolorosas son las que tienen que ver con la muerte y el desamor. Cuando conozco a personas nuevas, hombres que desean tener algún tipo de cercanía conmigo, sé que hay un riesgo importante de perder aquel contacto en algún punto por cualquier motivo. Es en este caso en el que comienzo a imaginar a la pérdida como una estructura formada de hilos, un tipo de lazo que se construye de la nada a partir de sentimientos, emociones, contacto físico, frecuencia, paciencia y esfuerzo; imagino a todas esas cosas como pequeños hilos que se se van entretejiendo poco a poco hasta formar, con mucha dedicación, una soga fuerte que es capaz de sostener a las personas involucradas en sus dos extremos. Es de este modo, como la mayor parte del tiempo me acontece a mí y a los demás, las personas, en su desesperación por cristalizar todo aquello, dejan caer "todo el peso" en aquellos hilos tiernos antes de tiempo, lo que termina en desastre y pérdida, pues los pobres hilos aún no pueden sostener nada y se romperán por obvias razones. 

A veces somos tan voraces e impacientes que queremos poseer y retener a toda costa; la impaciencia, la desesperación y la intensidad de lo emociona genera pérdidas prematuras y constantes.

He conocido a demasiadas personas que, emocionalmente, llegan a exigir demasiado y lesionan el principio de aquella construcción. Los seres humanos estamos sometidos a pérdidas constantes, a duelos constantes, inevitablemente. A veces nosotros mismos somos provocadores de las propias pérdidas y entramos en círculos viciosos dolorosos y llenos de frustración. En particular, algo que me ha sucedido últimamente, es eso de conocer prospectos de pareja y después, por alguna razón, terminar el contacto con ellos; desde el chico demasiado intenso y dramático que demanda, prematuramente, una atención que aún no le corresponde, hasta el chico extraño que comienza con mucha energía y con el paso del tiempo pareciera que va desfalleciendo hasta que se "esfuma" sin dejar rastro alguno de su existencia. Es difícil encontrar los puntos medios, pero básicamente es lo ideal, no sólo en lo relacionado a la pareja, sino en todo lo que nos rodea. En este caso he perdido muchísimos contactos de este tipo y, aunque no son importantes porque duran muy poco tiempo, son pérdidas pequeñas con las que he aprendido a lidiar. El punto es, entonces, que no se trata de evitar las pérdidas, pues son inevitables generalmente, sino que se trata de aprender a lidiar con ellas de maneras adecuadas y sanas. 

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