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Contigo yo...

"Me quedo aquí, me duermo aquí,
despierto aquí, sueño aquí, todo
aquí... contigo."
Manelander


Pasaba de media noche y no podía dejar de pensar en él, en sus manos, en sus labios, en su sonrisa. Me levanté de la cama y tomé uno de mis diarios y comencé a escribirle una carta, una de esas que nunca serán enviadas pero que funcionan para descargar todo el tormento interno. 

Ya estás demorando demasiado, demasiado en verdad, en salirte de mi cabeza, de mis pensamientos; pero te tengo una noticia: no quiero. Así es, no quiero que te vayas, no quiero olvidarte, no quiero que me dejes, no quiero perderte. Te conservo y te conservaré para siempre y por siempre, porque contigo yo soy otro, soy nuevo, soy diferente, contigo yo puedo vivir, puedo sonreír, contigo yo respiro y soy feliz. 

Inhalé profundo, observé por la ventana y vi al viento, sí, lo veía siempre, porque uno puede verlo cuando las hojas de los árboles se mueven, ese es él y yo siempre podía verlo. Recordé la última vez que nos abrazamos, no el viento y yo, sino él y yo. Supongo que gran parte de los humanos sobre este planeta han sentido alguna vez esas ganas de vivir la vida entera entre los brazos de alguien; nacer ahí, crecer ahí y morir ahí. Tomé de nuevo la pluma y continué escribiendo:

Tú me completas. Contigo no hay guerra, sólo paz, contigo no hay odio, sólo amor, contigo abro los ojos a un mundo que nadie más puede ver, contigo yo camino, corro, vuelo, existo. Así que no, no dejaré que te vayas o que te esfumes de mi cabeza. Te quedas conmigo, me quedo contigo, nos quedamos juntos, hasta el final. 

Ya tenía cierta experiencia en escribir ese tipo de cartas, ya tenía experiencia en escribir algo para alguien en la lejanía. Se lo enviaba a través de los latidos de mi corazón, a través del viento, allá afuera, enredándose entre las hojas y las ramas, me haría aquel favor, gustoso por supuesto, eramos amigos desde hacía ya muchos años, el viento y yo, y él me solapa todo, me cumple mis caprichos más profundos, mis deseos más bizarros, esos que me salen desde el enamoramiento y el placer. Él, mi destinatario, no me leería en el papel y la tinta, él me leería en su corazón, al ritmo de mis latidos, y en sus pensamientos, gracias al susurro del viento, mi amigo. 


(NOTA IMPORTANTE: Estimados lectores, atendiendo un poco más mi pasión por la escritura y por mi profesión: la psicología, he decidido atender peticiones para hablar sobre temas de los que a ustedes les gustaría que yo escribiera o diera mi opinión. Con gusto atenderé sus sugerencias y peticiones en la medida de mis posibilidades; de la misma forma si desean recibir algún consejo pueden escribirme al mail: mane.landerpi@gmail.com o si no es necesaria la privacidad o el anonimato entonces pueden dejarme todo en los comentarios de cualquiera de mis textos. Saludos y gracias por su amable atención.)

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