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El consuelo

"La vida misma te hiere, pero
es la vida misma la que te 
cura las heridas."
Manelander


Mis queridos lectores, ya sé que los he tenido un poco abandonados, pero debo confesarles que los últimos días mi vida, como sucede seguido, se ha vuelto algo pausada, lenta y aletargada debido a esas cuestiones del corazón, de las emociones y de todo lo que tiene que ver con el sentir y el dejar de hacerlo. Hoy les escribo desde el balcón de un hotel situado en una de las playas más hermosas de México. Me he despertado y acto seguido abierto la computadora para comenzar a teclear algo que llegó a mi cabeza al ver el hermoso paisaje frente a mí.

Existen momentos en la vida de todo ser humano que nos causan tanto daño que creemos que continuar ya no tiene sentido, que el mundo ha perdido todo su color y toda su magia; y es que cuando la pena llega a nosotros, el cielo se nubla y se vuelve insípido todo lo que hay a nuestro alrededor. Pero déjenme decirles que aunque las cosas parecen difíciles, aunque la vida de pronto se vuelve un tormento agresivo y hostil, existen, por todos lados, pequeños consuelos que nos van curando las heridas y que van despejando nuestro cielo. 

Vivir funciona de este modo; vivir es la búsqueda del balance entre las cosas terribles y las placenteras. Vivir es blanco y es negro, es oscuridad y luz, es amargo y dulce a la vez. 

Pueden detenerse un momento y pensar en las cosas buenas que poseen; quizá una hermosa familia, unos hijos maravillosos, un trabajo del que no se pueden quejar, una salud envidiable, una mascota fiel, una colección de libros, el mar, el sol, el aire que se respira, la comida que nos satisface, un espejo para vernos reflejados, un amigo, una amiga, un objeto, un pensamiento. Todas aquellas cosas buenas son consuelos, pequeñas dosis de alivio, de cura, que si bien se saben aprovechar podrán ir reparando lo que está roto en nosotros. 

La vida nos hiere, pero también nos sana, nos cura, nos alivia. No desesperes, todo termina, incluso el sufrimiento, incluso las cosas dolorosas y tristes. 

Permite que la vida te enseñe, te consuele; permítete a ti mismo disfrutar de las cosas buenas por más pequeñas e insignificantes que estas parezcan. Vivir es duro, pero es más duro vivir sin apreciar lo que es bello, lo que es placentero, lo que es grandioso. Déjate consolar, no seas tan duro contigo mismo, no todo es terrible, no todo es sufrimiento, no todo es horror y desesperación. 



(NOTA IMPORTANTE: Estimados lectores, atendiendo un poco más mi pasión por la escritura y por mi profesión: la psicología, he decidido atender peticiones para hablar sobre temas de los que a ustedes les gustaría que yo escribiera o diera mi opinión. Con gusto atenderé sus sugerencias y peticiones en la medida de mis posibilidades; de la misma forma si desean recibir algún consejo pueden escribirme al mail: mane.landerpi@gmail.com o si no es necesaria la privacidad o el anonimato entonces pueden dejarme todo en los comentarios de cualquiera de mis textos. Saludos y gracias por su amable atención.)

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