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La inspiración mía

"La inspiración llegó a mí desde
el momento en el que mi madre se
enteró que me había concebido,
desde entonces la inspiración no
me ha abandonado un sólo día."

Manelander


Mientras me preparaba un té de menta en mi cocina, escuchaba en la televisión un debate sobre la homosexualidad entre un pastor cristiano, un periodista, una chica lesbiana y un representante de la iglesia anglicana. Eran tan devastadores los argumentos del pastor cristiano que agradecí tanto estarme preparando el té porque un asco repentino me invadió a causa de las palabras de aquel hombre. Después, cuando me senté al escritorio nuevamente, observé la televisión y retuve en mi cabeza algunas frases como "los homosexuales son una depravación pecaminosa", "la santa biblia dice que...", y la peor de todas: "¡la biblia contiene la verdad absoluta!". Debo confesar que lejos de sentir algún tipo de enojo lo único que vino a mí fue una sonrisa provocada por aquellas palabras tan trastornadas, tan enfermas, tan faltas de afecto, tan confundidas, confundidas como ese hombre que se hacía llamar "pastor". Cuánta pena comencé a sentir por él, por su mundo cuadrado y rígido como las esquinas de una mesa; no convenía que los otros participantes continuaran debatiendo, es más, no convenía siquiera realizar debates en donde algunos se atreverían, terriblemente, a sentirse poseedores de la "verdad absoluta", de una verdad contenida en un libro que escribió sabrá quién, sabrá dónde, sabrá cuándo. Cuánto daño tuvo que sufrir ese hombre para aferrarse rígidamente a un atentado en contra del amor sobre el mundo; "¡pero qué tristeza!", pensé, "¡qué vacío!", como mi corazón en ese momento, vacío. 

Apagué el televisor y me olvidé del tema de aquel aberrante debate sin sentido. Busqué en YouTube uno de mis soundtracks favoritos, el de la película "Las Horas", creado por Philip Glass; era armonioso el sonido del piano, siempre lograba inflamar mi inspiración a través de la música, de la música cautivadora del piano o el violín, una música que encerrara misterio, melancolía y elegancia al mismo tiempo. Me gusta la música pulcra, sí, los sonidos limpios que fluyen como las aguas en el río, pasando sobre las rocas, sobre la arena, sobre las hojas caídas de los árboles. Me levanté por un plato con galletas de chocolate y vainilla, también traje una bolsa con gomitas de esas que tienen forma de osito, las rojas siempre han sido mis favoritas. "¡Mierda!", me acordé de él, de cómo comía dulces yo todo el tiempo y él me alentaba, no sé, creo que le gustaba verme comer dulces, qué importa ya, ahora los como a solas. Le di un trago a mi té caliente; pasaba de medio día así que lo adecuado para mí siempre había sido beber té en vez de café. El café era para las mañanas o para las noches que pretendían ser largas. 

Antes de comenzar a escribir quise visualizar mi inspiración, materializarla en mi mente, dibujarla. Encontré en mi imaginación, primero, la imagen de un árbol agitado por una brisa otoñal cálida, sí, así era mi inspiración, como las ramas de los árboles, y también como sus raíces, porque mis letras siempre han sido secas y se extienden hacia donde les place, crecen y crecen sin temor. Después de la imagen de un árbol en otoño, rodeado se hojas amarillas, verdosas y anaranjadas, mi cabeza saltó al frío del invierno, a la nieve, a los cristales de hielo, a los copos, otra vez, al mismo árbol pero ya sin hojas, cubierto de blanco. Esta vez pude ver a mi inspiración saliendo del vaho de las tazas de té y de café bebidas en los inviernos crudos y fríos. Pienso que mis letras provienen siempre de cosas sencillas que, irónicamente, suelen ser grandiosas. Vi después a dos labios besándose bajo el mismo árbol, pero esta vez en primavera, dos labios que primero fueron de un hombre y de una mujer, después de una mujer y otra mujer, y al final de un hombre y otro hombre; no era un beso cualquiera, era un beso de amor verdadero, del que casi no se ve, del que se esconde y se resiste a ser encontrado y retenido. Mi inspiración se desprende también de aquello que es romántico, no empalagoso, no, demasiada miel es producto de una actuación teatral, falsa; me refiero al romance que se respira en el aire a través del perfume que nos recuerda al otro, al que amamos o que nos amó; me refiero a los recuerdos de los amores que no fueron, que se quedaron en el intento, en el "quizás". Así es mi inspiración, un recuerdo, una memoria, un pensamiento de aquello que se tuvo y se fue, que se fue lejos, que desapareció con el objeto de dejar, dolorosamente en principio, lugar para todo lo nuevo. Mi inspiración danza eternamente sobre la suavidad de la otra piel percibida por la punta de los dedos, sobre el silencio previo al primer beso, al primer contacto, al primer deseo de devorarse al otro, sí, claro que sí, también sobre lo erótico y lo carnal, sobre los deseos profundos de penetrar o ser penetrados, de retorcerse entre las sábanas pidiendo más y más. Mis letras son húmedas también; se mojan y escurren líquidamente entre los pensamientos, entre las mentes, y se diluyen, y se combinan y hacen el amor entre ellas para formar palabras. De pronto se amargan, se oscurecen, se vuelven grises, más que de costumbre, porque siempre intentan decir que no todo en la vida es dulce como el azúcar, como las gomitas rojas en forma de oso. Mi inspiración también tiene una parte lúgubre, hostil, espesa como la niebla, turbia como las aguas revueltas con lodo, como el aroma rancio de una manzana que nadie quiso comerse, como la primera noche fría que se vive cuando el corazón se rompe por primera vez, esa noche en la que el camino de la pena comienza, esa noche en la que no sabemos qué es lo que nos pasa, qué es ese dolor tan terrible que sentimos. Mi inspiración de pronto impulsa a textos que se parecen al vacío que se siente en el pecho o en el estómago cuando el otro ya no está, cuando las mariposas que sentimos han muerto y sus cadáveres se pudren en nuestros adentros, en nuestras entrañas. Siento que a veces también pueden ser demasiado hostiles con los otros, y conmigo mismo, pues se llevan hacia afuera todo lo que me contamina, como el vómito, como las lágrimas, como los gritos; pero nunca se descomponen, siempre con la frente en alto, siempre cuidando los detalles como letras elegantes, sentadas a la mesa para comer el postre, platicando de cosas que no a todos les interesan, invocando a Shakespeare, a Sartre, a Kafka, a Freud, a Hesse, a Lacan, a Wilde, a tantos y tantos que con su huella me inspiran, me alientan, me arrastran a una locura parecida a la de ellos. Pude ver nubes grises cargadas de lluvia, vientos arrastrando las hojas secas, raíces, pude ver a la luna plateada alumbrando el sendero de mi tinta, de mis palabras, de mis renglones. Olí a vainilla, después a menta, a fresa, a arena de mar, a mar, a dulce, a tierra mojada por la lluvia, a lluvia, olí a colores sobre el lienzo, a tinta sobre el papel, olí a deseo, a sexo, a cigarro, a vino tinto, olí a recuerdos, a vacíos, a anhelos, a romance, a sed, a ansías, a angustias, a mí, olí a mí mismo. Vi a Frida, sentada en su jardín, sola, sonriéndome, fumándose un cigarro, pintando un cuadro de un árbol sin hojas para regalármelo; era tan bella, tan perfecta, tan cautivadora; sentí sus dolores, pero fui feliz, porque del dolor y la pena siempre puedo hacer algo hermoso, siempre puedo crear más mundos cuando otros se han destruido. Vi mis lágrimas recorriendo mis mejillas por el amor de quienes no se quedaron a mi lado y sentí su ausencia, el duelo, el vacío que dejaron en mí, como un agujero sin fondo, tétrico, negro, sin luz, apagado, marchito como flores atrapadas entre las páginas de un libro, esperando ser recatadas, revividas por el amor de alguien. Así es mi inspiración, como el sonido, como el sabor, como el paisaje, como el vacío, como la elegancia, como el deseo, como los árboles, como las jacarandas que me saludan por las calles de mi ciudad, que me susurran al oído que las convierta en letras, que las haga palabras. Abrí los ojos y comencé a escribir...

(NOTA IMPORTANTE: Estimados lectores, atendiendo un poco más mi pasión por la escritura y por mi profesión: la psicología, he decidido atender peticiones para hablar sobre temas de los que a ustedes les gustaría que yo escribiera o diera mi opinión. Con gusto atenderé sus sugerencias y peticiones en la medida de mis posibilidades; de la misma forma si desean recibir algún consejo pueden escribirme al mail: mane.landerpi@gmail.com o si no es necesaria la privacidad o el anonimato entonces pueden dejarme todo en los comentarios de cualquiera de mis textos. Saludos y gracias por su amable atención.)

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"Cosas de escritores"

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