Ir al contenido principal

2. Melancolía: ¿Y si me corto las venas?

Lee el capítulo anterior de esta historia AQUÍ

-Por favor, Andi, sabes que fue una estupidez, bebé, yo te amo...

-¡No me toques! 

-Bebé no hagas esto, yo te amo, ¡Andrea por favor!


La chica abrió los ojos justo en el momento en el que él salía detrás de ella, abrochándose los pantalones, sin camisa, con el escultural torso desnudo, caminando hacia la calle para alcanzarla entre la multitud. Había sido, sin lugar a dudas, la peor tarde de su vida. Lo amaba tanto, ese era el problema, que lo seguía amando a pesar de tener el corazón hecho añicos; era como si hubiesen traspasado su pecho con una lanza gruesa y larga, pero que la mantenía viva, con un dolor insoportable, sí, insoportable porque era como estar muerta en vida, en un limbo del que no podía salir a pesar de sus esfuerzos. 

La noche era bastante fría y Andrea se había quedado dormida en el sillón de la estancia, frente a la chimenea que le proporcionaba los últimos minutos de calor porque el fuego ya comenzaba a consumirse debido a la falta de madera. Estaba envuelta con el cobertor aquel y acurrucada en posición fetal. Escuchaba los tronidos de la madera ardiendo en la chimenea y el soplido del viento que no había cesado en el exterior. Se sintió abrumada por el sueño tan vívido, más bien por la pesadilla aquella que había tomado lugar en su cabeza. Volvió a sentir esa punzada en el pecho que le recordaba que estaba herida, herida del alma, de esa manera que duele más que los golpes o las palabras. Se incorporó en el sillón y se pasó ambas manos por el rostro para despejarse un poco, se desató el cabello enmarañado y volvió a atarlo con la liga vieja que usaba para sostenerlo una vez seco después de bañarse. Llevaba tres días y dos noches en la vieja cabaña de sus tíos abuelos, quienes habían decidido viajar por Europa tres meses y le propusieron a Andrea la idea de cuidar el lugar y a su gato "Gato" (en serio, así se llamaba) en su ausencia. 

-¿Te duele? -escuchaba su propia voz hablando en su interior-. Toma otra de esas pastillas. 

Había tomado ansiolíticos todas las tardes y noches desde su llegada; un amigo psiquiatra le había proporcionado las prescripciones necesarias para obtener las píldoras. 

-¿Te duele mucho? Porque si tanto te duele entonces acaba con esto de una vez -pensó, mientras las lágrimas comenzaban a escurrir por sus mejillas, brotando de sus ojos en silencio como fuentes inagotables de agua cristalina y salada al tiempo que posaba la mirada en el fuego retorciéndose en la chimenea. 

La idea de tomarse todos los ansiolíticos le asaltó la mente; acabar de una buena vez con ese sufrimiento absurdo que la perseguía hasta en sueños. Todo le recordaba a él, los colores, la oscuridad, la música (prefería no escuchar música nunca), los árboles, la comida, todo en absoluto, incluso su propio reflejo frente al espejo. Cinco años juntos no habían sido suficientes para que el amor que le tenía triunfara, al final, después de tantas cosas buenas, todo se fue a la basura. 

-Córtate las venas, así te encontrarán desangrada y el sentirá más culpa -dijo la voz en su cabeza. Esa parte de ella que deseaba que él se sintiera mal por su tristeza, por su depresión, por su muerte. ¿Vale la pena? se cuestionó una y otra vez, ¿vale la pena terminar mi vida por alguien que me engañó?, la respuesta se le escapaba del pensamiento y decidió acostarse nuevamente; pasaría la noche en el sofá, no tenía ánimos ni siquiera para moverse y caminar hacia la habitación. 

La madera de la cabaña tronaba a causa del aire y el silbido del mismo le arrullaba casi intencionalmente, como si el destino se empeñara en demostrarle que no todo era malo. Volvió a quedarse dormida y la oscuridad se apoderó de la habitación una vez el fuego se hubo consumido. 

"Toc, toc, toc", alguien llamaba a la puerta. "Toc, toc, toc", desesperadamente. Andrea abrió los ojos y la tenue luz del nublado día que se colaba entre las cortinas le golpeó las pupilas. ¿Quién podría tocar tan temprano y en medio del bosque?, se asustó un poco, se incorporó con las cejas entronadas y caminó hacia la ventana para dar un vistazo al exterior. No vio a nadie, lo único que pudo ver fueron los árboles y las plantas sacudiéndose aún por el viento. Frunció el entrecejo y, justo cuando se disponía a dejar de mirar por la ventana y a convencerse de que había alucinado el sonido del llamado, un chico de tez blanca y barba de candado se apareció repentinamente del otro lado de la ventana, provocando que se asustara tanto que, a causa de su mala alimentación y las pastillas que tomaba, Andrea se desvaneció en ese preciso instante, cayendo al suelo de madera alfombrado sin demora. 

Twitter & Instagram: @tintademane
Tumblr: manelander ("La Tinta De Mane)


Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Cine para psicólogos: ¡madre! de Darren Aronofsky

You give and you give and you give... and it's never enough! 
Volvemos después de mucho tiempo a su gustada sección Cine para psicólogos. Antes que nada he de confesarles, mis queridos lectores, que el tiempo se ha vuelto algo valioso para mí y sentarme a escribir una opinión sobre una película como esta me demanda varias horas. Al fin he podido prepararme un café y comenzar a plasmar mis comentarios sobre mother!
Comenzaré diciendo que, como muchos de ustedes habrán leído tiempo atrás en mi blog, Darren Aronofsky logró crear mi película favorita de todos los tiempos: El cisne negro. Y  es que debido a mi formación como psicoanalista ustedes entenderán mi fascinación por este tipo de películas con contenidos fuertemente psicológicos. ¡madre! me ha cautivado por completo, aunque no ha logrado superar la admiración que sigo teniendo por Black Swan. 
mother! Una carga simbólica pesada para el psiquismo.  Miren, no he leído mucho al respecto, ni siquiera me he enterado de la vida de Dar…

Celos y otras torturas mentales

Psicoterapia psicoanalítica  Ciudad de México - Col. Roma Norte Tel: ‭(55) 3275 1330‬  Psic. Manuel Landeros 
Como ya he escrito al respecto, antes en otros textos de mi blog, los celos siempre han sido un asunto importante tanto en la consulta psicológica como en la vida cotidiana de muchas personas. Puedo considerar a los celos, desde mi observación clínica, como una tortura a la que muchas personas se someten constantemente. 
Sigmund Freud, en su obra psicoanalítica, menciona que los celos pueden tomar distintos caminos y que están relacionados con la rivalidad; ¿qué tiene aquel o aquella que no tenga yo? Más allá del miedo a ser abandonados, se trata de un miedo profundo a no tener o no poseer algo que otro sí, miedo a ser “insuficientes” o a sentirnos “incompletos”. Freud decía que los celos pueden ser proyectados, es decir, que quien en realidad tiene deseos (inconscientemente) de ser infiel es quien siente los celos, pero la culpa que ello  genera es tan grande que defensivamente c…

Marilyn Monroe y su misterioso paso por el psicoanálisis

---
"Hollywood es un lugar en el que tendrás que pagar mil dólares por un beso y cincuenta centavos por tu alma."
Marilyn Monroe 
Decidí escribir sobre Marilyn en el momento en el que una de mis profesoras de la formación psicoanalítica mencionó el nombre de Ralph Greenson, aquel psiquiatra estadounidense que fuera el psicoanalista de Norma Jeane Mortenson, mejor conocida como Marilyn Monroe. Y es que no es gratuito mi interés en este personaje tan famoso; desde hace muchos años siento una admiración especial a la imagen y trayectoria de Marilyn y, ahora que he indagado un poco más sobre su vida, estoy fascinado, y al mismo tiempo horrorizado, con lo que he encontrado.


El pasado herido de Norma
Norma nació el 1 de junio de 1926 en Los Angeles, USA. Hija de una montadora cinematográfica de nombre Gladys Baker y Edward Mortenson, de quien se separó justo antes de darse cuenta de su embarazo. Gladys tuvo que ser internada en un hospital psiquiátrico pues sufrió fuertes trastornos …