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La ciencia de la infidelidad


La fidelidad es el esfuerzo de un alma noble para igualarse
a otra más grande que ella.
Goethe

En estos tiempos de locura, de hostilidad y materialismo, la fidelidad es una cuestión que pareciera difícil de encontrar. Podemos definirla desde su raíz en latín fidelitas, que significa “servir a un dios”; la palabra fidelidad toma entonces un sentido que simboliza lealtad, franqueza, confianza, honestidad para con algo o alguien; y digo algo ya que podemos ser fieles a situaciones, lugares, a cosas inclusive, aunque por lo general siempre relacionamos el término en primer lugar con las relaciones de pareja. La fidelidad dentro de una relación amorosa se ha transformado en un concepto complicado, no sólo de entender, sino de llevar a cabo, y con esto no es intención de éste texto hacer una generalización ofensiva que alcance a aquellos que conocen y llevan a cabo un comportamiento constantemente fiel en todos o casi todos los aspectos de su vida. Así comenzamos entonces a adentrarnos un poco más en el asunto de la fidelidad. Pero para poder analizar el concepto con mayor facilidad debemos definirlo y desarrollarlo a partir de lo que no es, es decir, su contrario: la infidelidad.

Definición de la palabra infiel

La Real Academia de la Lengua Española define la palabra infiel de diversas maneras; aquí las tres definiciones oficiales:
1.      Adj. Falto de fidelidad.
2.      Adj. Que no profesa la fe considerada como verdadera.
3.      Adj. Falto de puntualidad y exactitud.

Podemos darnos cuenta que la palabra infiel se define a partir de diferentes perspectivas como situaciones, creencias o relaciones interpersonales, por ello el concepto puede ser aplicado a diversas esferas de la vida humana.

La infidelidad y el sistema nervioso

            Es menester hacernos la pregunta sobre la existencia de una relación entre los procesos neurofisiológicos del cuerpo humano y las conductas infieles. No obstante, podríamos pasar horas discutiendo el punto, y al final, necesitaríamos recurrir a todos los libros de neurociencias y claro, por qué no, a especialistas que puedan desarrollar el asunto. Lo importante en toda esta materia médica es que existen en el cuerpo ciertas sustancias que activan vínculos con una persona al mantener ciertos contactos específicos; poniendo como hormona principal a la oxitocina, producida en el hipotálamo, encontramos una lista de intervenciones cruciales en los vínculos afectivos; en el caso de las mujeres, por ejemplo tiene una actuación importantísima en la creación del vínculo afectivo  madre-bebé. Pero lo que nos atañe en éste momento es el desempeño de la oxitocina en los vínculos interpersonales afectivos que surgen con la pareja en los primeros contactos sexuales. Podríamos decir entonces que la oxitocina es un tipo de hormona que contribuye al enamoramiento y a las relaciones amorosas entre dos individuos; pero es importante decir que aunque la “hormona del enamoramiento” actúa entre dos individuos, no tiene un sello de exclusividad. Nuestra naturaleza primitiva nos hace, instintivamente, fijarnos en los atributos físicos y conductuales de otras personas. Las hormonas y neurotransmisores pueden activar vínculos afectivos con varias personas con las cuales exista un contacto excitante, refiriéndonos a la estimulación de dichas sustancias.

Infidelidad y psicología

            Una vez activados los vínculos afectivos, podría existir una especie de traumatofilia, definida como un estado psicológico en donde el individuo siente un placer inconsciente con algún tipo de trauma físico o psicológico. De este modo, para dar una explicación un poco más cercana a nuestro tema central, diremos que el acto de ser infiel acarrea un sentimiento de culpa que hace que el sujeto contenga un proceso negativo que inconscientemente le provoca placer, de esta manera se comienza una conducta compulsiva para mantener aquel evento que genera en él o en ella una sensación placentera; éste concepto hedonista de perseguir el placer también puede estar relacionado con encontrar placer en lo negativo, en lo culposo, en lo prohibido.

            El ser humano tiene esa capacidad de volver algo repetitivo cuando encuentra placer en ello. Así, el hecho de haber sido infiel podría convertirse en una repetición compulsiva que mantiene una conexión, en principio física, con alguien más.

            Para poder hacer un análisis más profundo sobre los mecanismos que mueven e impulsan los deseos de la infidelidad propondremos, como ya es costumbre en esta columna de tintes psicoanalíticos, la perspectiva freudiana ante la bigamia. Sigmund Freud justifica la infidelidad en el hombre mediante la existencia de dos pulsiones de orígenes tiernos y sensuales, respectivamente, la cuales constituyen el deseo y el amor en el complejo edípico, y que se reproducen después de la infancia, con base a lo vivido en ella, bajo una premisa fundamental: a mayor prohibición mayor separación o disyunción de la vida amorosa. En el caso de las mujeres, quizá se haga mayor énfasis en la etapa pre-edípica de la infante, la cual tendrá una actitud inconsciente en la que cobrará cierta venganza al ser adulta  debido a las privaciones y sufrimientos que tuvo que soportar de su madre en la infancia, y reclamará lo padecido por medio de la pareja y el amante.

            Hasta este punto entonces podríamos extraer una conclusión bastante interesante sobre la infidelidad; a pesar de que en nuestros instintos existe ese impulso por fijarnos en los atributos de alguien más, alguien diferente a la pareja, y de que las sustancias químicas que regulan los vínculos afectivos se activan al tener un contacto con ese otro sin poder prometer una exclusividad, encontramos entonces dos cuestiones de suma importancia que pueden intentar cerrar este artículo:

1*   Aunque las sustancias químicas no son exclusivas de lazos afectivos con una sola persona, podríamos decir entonces que la única barrera que regula la fidelidad o lealtad hacia un solo sujeto son las restricciones socioculturales y morales que actúan de manera consciente sobre la psique humana y transforman la licitud de la infidelidad en una transgresión a lo socialmente permitido y aceptado.

2*    La infidelidad se ha convertido en un asunto puramente sexual. La sociedad ha decidido que la infidelidad es una situación concretada cuando existe algún tipo de acercamiento físico. Sería bueno entonces comenzar a preguntarnos si no existe algún tipo de traición a la pareja a partir de otro tipo de conexiones o medios que no se presentan precisamente como conductas físicas o sexuales. 






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